sábado, 29 de diciembre de 2012

rotondas de Los Alcázares

¿para que sirven las rotondas?
En algunos sitios también las llaman glorietas, plazas circulares o redondas, pero se llamen como se llamen todas tienen su sentido de ser.
Empezaron siendo una forma de controlar el trafico, de hecho todavía sirven para esto, dan fluidez a un cruce y permiten circular y orientar a los conductores.

Después para hacerlas más bonitas se le añadieron elementos ornamentales, ya sea una escultura de dudoso gusto pero precio importante o una fuente o un parterre florido.

Una misión importante que cumplen las rotondas es que el ayuntamiento de turno puede gastar dinero en ellas y eso hace que muchas de ellas renueven sus ornamentos con frecuencia, modificando con ello el paisaje urbano.
por eso me he decidido a fotografiar las plazas de mi pueblo y publicarlas en este blog, con el fin de mostrar la belleza urbana del pueblo y, si se da el caso, la evolución que en el tiempo puedan tener.

Podéis disfrutar de ellas en este enlace rotondas de los Alcázares

De momento solo hay unas pocas pero el album irá creciendo conforme tenga ocasión de ampliarlo.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Gracias politicos, gracias

...en épocas de crisis las mentes menos ilustradas y ciudadanos en general tienden a culpar de todos los males de la sociedad a los políticos y esto es injusto, en tiempos de bonanza también son culpables.

Pensando las cosas detenidamente hay muchas razones para dar gracias a la clase política por la precaria situación que nos toca vivir y, puede que sin quererlo del todo, nos están enseñando valores que algunos desconocían y otros estaban olvidando.

Reflexionando sobre el día a día, la situación actual y la forma de afrontarla por nuestros políticos, cuyo sentido común es diametralmente opuesto al del ciudadano, llego a la conclusión que en realidad no son malos gestores como opina la mayoría si no que de verdad están haciendo un gran esfuerzo por mejorar la salud material y espiritual de aquellos que con nuestro involuntario sacrificio mantenemos su estatus de poderosos.

Y ahora para que tengáis criterio para comprender el porqué hay que ser agradecido expongo mis diez razones para ello y lo hago en forma de cantata enumerativa con visos de amarga sátira sarcástica.

Señores dedicados a la política y el gobierno, seáis del partido que seáis y con independencia de vuestra voluntad y cargo en la escala de poder de nuestra sociedad os doy las gracias por:

- por hacer de mi familia personas más sanas, en casa cada día comemos mas verdura y menos carne lo que nos hace menos proclives a enfermedades coronarias.

- por habernos hecho más respetuosos con las enseñanzas de nuestros abuelos, hemos recuperado  tradiciones gastronómicas de la posguerra aprendiendo a comer ingredientes que hasta ahora ignorábamos.

- por hacernos mas ecológicos, ya no tiramos nada y aprovechamos hasta la ultima molécula de cualquier cosa.

- por hacernos más sociables, cada día tenemos más cosas en común con nuestros vecinos.

- porque hemos aprendido a no tener prisa y ahora llegamos andando donde antes íbamos en coche.

- por hacernos sentir cómodos con los vestidos que pensábamos ya no están de moda.

- por aumentar nuestra confianza en nosotros mismos, pues ya no nos fiamos de nadie.

- por hacernos disfrutar una y otra vez de nuestro libro favorito, a ver quien es el guapo que se atreve a comprar otro.

- porque podemos pasear horas y horas disfrutando del paisaje urbano, sin posibilidad de poder gastar un céntimo en fruslerías.

- y porque si no os doy las gracias tendría que odiaros y eso va en contra de lo que mis padres me enseñaron.

Así que no os odio ni os deseo mal alguno pero ojalá os de un ataque de diarrea y no tengáis papel higiénico a mano...



PD. dedicado a todos los que viven en la abundancia gracias al sacrificio y voto de personas honradas.




martes, 13 de noviembre de 2012

cancion de la bombilla

... dice un anuncio de la radio que hay mas canciones dedicadas a la libertad que a cambiar una bombilla. Esto me ha tocado dentro y voy a poner mi grano de arena para romper la estadística, así que esta es mi aportación a tamaña discriminación.

 

 Canción de la bombilla

Suena una melodía suave en el piano y comienza la canción...
verso 1º en crescendo

Tu, alejaste de mi las tinieblas...
tu, hiciste de mi noche día...
tu. Me diste toda tu energía...
tu, hiciste que mis miedos fueran dulces sueños...
verso 2º sigue el esquema musical del 1º

tu, me iluminas desde que fui un niño...
tu, que me guías en el obscuro camino...
tu, que no pides nada por tu cariño...
tu, haces mi luz, mi calor y mi alegría...
estribillo un poco rock

no es por tu edad
no es por maldad
ni es porqué
 te quiera olvidar
solo es que hay otra y me dá
lo que tu ya no me puedes dar...
verso alegro

ahora que tu
lo que deseo no me das.
ahora que tu
para mi ya no estas.
ahora que tu
luz ya no me das. 
Triste mi destino
te maldigo y te juro
que mañana mismo
te cambio por otra de bajo consumo....
estribillo

no es por tu edad
ni es por maldad
ni es porqué
 te quiera olvidar
solo es que hay otra y me dá
lo que tu ya no me puedes dar...

y fin
 no eres tu...
ni es por mi,
es que quiero mas luz
en mi vida, y mi habitación... 

tatachan chinpun

Bueno, esta es mi aportación, la letra ya está, falta la musica para lo que buscaré voluntarios y si alguien la copia vilmente y se hace millonario con ella que recuerde que la idea fue mía y está feo usar el talento ajeno para beneficio propio.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Cucusemi IX


la transición de niño a preadolescente.

Capitulo noveno: el primer gran giro en la historia de Cucusemi, un verdadero huracán de acontecimientos.


Pues sí, entre la primera comunión, cambios de colegio, burocracias mentales, el nacimiento de mi primer sobrino… demasiados cambios para una mente tan joven e inexperta. Tantos que en mi memoria quedaron muchos de ellos pero soy incapaz de colocarlos en un orden cronológico correcto.
 ¿Qué fue primero: el huevo, la gallina o la primera comunión?

Entre los acontecimientos importantes de aquella época uno que debió marcarme, aunque eso lo decidirá un psicólogo si es que uso sus servicios alguna vez: el cambio de colegio.

Como ya dije, en el pueblo se quedaba pequeño el cole, así que después de cuarto curso teníamos que ir a otro Centro en San Javier –un pueblo cercano, del que nosotros éramos pedanía, distante unos ocho kilómetros-. Eso implicaba tener que tomar un autobús escolar, nuevas disciplinas y horario más ajustado, no puedes llegar un minuto tarde o pierdes todo el día de clase con el consiguiente castigo y retraso en el aprendizaje y no te cuento si lo pierdes a la vuelta, en el cole no te puedes quedar a dormir.
También implica tener que tomar la comida en el comedor escolar. Terrible situación pues la mayoría de veces no me gusta lo que ponen y aquí no te dan otra cosa como en casa, o pierdes el sentido del gusto y te adaptas... o pasas más hambre que quien se perdió en la isla.

Lo que es el colegio en si mismo está pero que muy bien, un edificio grande con aulas para todos los cursos, ¡tenemos un profesor para cada materia! también somos más niños y el patio del recreo es mas grande, tiene pista de baloncesto, de futbito, espacio de sobra para correr, fuentes donde se puede beber agua y cazar avispas en los charquitos que se forman alrededor. Pero tiene - tenia que tener algo- un gran inconveniente: el director se ha dado cuenta de que entré a primer curso un año antes de lo que me correspondía – ¿recuerdan al primo de mamá que era profesor en el pueblo? Pues parece ser que hizo alguna trampa para que pudiese ingresar y ahora llevo un curso de ventaja sobre los chicos de mi quinta- y ahora me dicen que tendré que repetir un curso pues no puedo dejar el colegio hasta que no tenga cumplida la edad de enseñanza obligatoria.
Entonces ¿para qué sirven mis buenas notas?, ¿para qué mi esfuerzo y mi tiempo en hacer los deberes y colaborar en todas las actividades de clase? Me lo voy a ir pensando y si me obligan a repetir les daré motivos para hacerlo. ¿Será por eso que algunos de mis compañeros de entonces han llegado a ser alcaldes y cargos municipales del pueblo mientras yo me quedé en eficiente currante pagador de impuestos?

Este colegio solo me duró un año. No porque me fuera, sino porque estaban construyendo otro en el pueblo y el siguiente curso ya empezamos en unas aulas dentro de la base militar de los alcázares de manera transitoria hasta que se terminara el nuevo, transición que duró el curso entero. No obstante estas aulas eran un chollo, tenían un pequeño jardín con columpios, pupitres de a dos y lo mejor de todo, se accedía a ellas desde la playa.

Toda una tentación para quien ya sabe que tarde o temprano tiene que repetir el curso, así si un día en vez de a clase me voy de pesca no pasara nada, solo necesito que mamá se crea que después del cole me voy a pescar para que no parezca sospechoso. Pero se entera, siempre se entera por mas cara de buen chico que ponga o escusa que invente y termina aplicándome su sistema educativo particular.
-¡para que aprendas...!
Y aprendí, vaya si aprendí, hasta cosas que ella no se imaginaba. Deberían darle el premio Nobel de educación a quien invento las suelas de goma para las zapatillas.

Otro acontecimiento importante de aquella época fue el nacimiento de mi sobrino, Antonio, la vida siempre te da lo que pides si tienes paciencia aunque tenga otras formas diferentes de interpretar tu deseo y el chico se convirtió en lo más parecido a un hermano pequeño que pude tener hasta que yo me hice demasiado adulto y él demasiado adolescente. Mi hermana estaba bien y molaba pero era chica y a una chica no le puedes enseñar lo mismo ni puedes jugar igual por muy buena voluntad que ponga, así que invertí mi capacidad de hermano mayor en mi sobrino. Le enseñé todo lo que pude y aprendió con tanta rapidez que antes que nuestros caminos se separaran ya casi era mi maestro.

Entre pitos y flautas ya me estaba haciendo un preadolescente y tenia ciertas inquietudes y necesidades. Andar por los barrios cercanos era una aventura para pequeños así que la pandilla decidimos ir ampliando nuestro radio de acción, pero para eso necesitábamos mejorar nuestros medios de locomoción. Algunos lo tuvieron fácil pues los reyes les dejaron bicicletas nuevas pero yo aun andaba con mi supercil de medio metro. Para dar la vuelta a un par de manzanas estaba bien pero no servía para ir a buscar moras a los campos de San Javier ni mucho menos intentar llegar con ella hasta las playas de la ribera o la Llana. Llegó la hora de aplicar el ingenio y aprovechando una chatarrería cercana, una pieza de aquí, otra de allá, mis conocimientos de las herramientas y algo de ayuda de papa construí una bici a mi medida, híbrida hasta en la pintura, cutre como ninguna, pero perfecta para el objetivo perseguido, tanto que disfruté muchos años de ella, a pesar de no tener frenos -para parar debía meter el pie entre el cuadro y la rueda delantera lo que me costó más de unas cuantas caídas y arañazos. Y que habilidad llegué a coger con aquel engendro mecánico, circulaba sin manos y hasta de pie sobre el sillín, eso sí unos segundos después estaba en el suelo.
Con esta bici llegué mas alto, mas rápido y mas lejos -y más lesionado- a la siguiente etapa, ya no era un crío, ahora debía buscarme la vida y fijar objetivos que se pudiesen alcanzar.
Primer objetivo expandir nuestro coto de pesca particular, ya no existen fronteras para nosotros y toda la costa del Mar Menor es nuestra, vale que hay que darle un buen rato a los pedales pero ahora podemos llegar.
Siguiente objetivo: ponerle luz a la bici, en invierno anochece pronto y sin luces no vamos a ningún sitio.

Mundo: preparate que ya se mas de lo que creo necesitar y voy a conquistarte. Lo malo es que el mundo visto desde atrás del manillar parece muy grande y a lo peor tardo un poco más de lo previsto. Ya tengo todo lo que necesito: ganas, audacia y una bicicleta, me falta el dinero pero lo iré cogiendo por el camino y esto será la base de los nuevos capítulos...


miércoles, 1 de agosto de 2012

Cucusemi VIII

el deseado hermano, anunciado en el capitulo anterior

Capitulo octavo: de las ilusiones, desengaños y formas de afrontarlos de Cucusemi


¡Un hermano!, en estos momentos tener un hermano es un cosa maravillosa. Ya tengo dos hermanas mayores pero no me sirven para nada, no saben jugar a nada divertido y encima me llevo algún cachete de vez en cuando.

 Está Pepi que anda más pensando en su novio que en jugar conmigo. Algunas veces voy con ellos  al cine, me compran una pepsi y pipas y me buscan buen sitio en primera fila para que vea bien la peli mientras ellos se tienen que conformar con los asientos de la ultima bancada, no saben lo que se pierden pues desde mi asiento se disfruta de toda la pantalla y sin cabezas que molesten.
-si pregunta papá le dices que nos hemos sentado juntos o no te vienes mas con nosotros.
Me gusta la idea así que voy dispuesto a mentir como un bellaco con tal de pillar más el próximo día. Pero esto no satisface mi ansia de compartir juego en casa.

Luego esta Rufi, también es mayor que yo y siempre está jugando con sus antipáticas muñecas que con voz de falsete y chillona me dicen:
-no queremos jugar contigo. Juega con tus juguetes…

Juguetes tengo, los reyes magos siempre dejan alguno y cuando voy con papá a reparar casas siempre consigo alguno de propina o lo encuentro en un rincón olvidado de las casas de la playa.
Desde el momento que me dieron la noticia de que esperamos un hermano empecé a recopilar todos mis juegos: indios, vaqueros, soldados, pistolas, coches… no era momento de despreciar nada, todo valía aunque no estuviese completo, desde un caballo de tres patas hasta la última adquisición de los flamantes coches majorette y mi rincón estrella en el patio de casa: junto a un viejo columpio de hierro me hice un hueco entre los restos de material de la obra y con tres cañas, unos sacos de cemento vacíos  y múltiples materiales sin clasificar me construí –con ayuda de papá- una estupenda cabaña india. Un magnifico tipi que debería ser nuestro cuartel general. Allí pase larguísimos momentos planeando mi futuro junto a mi hermano.

Un día, a finales de octubre, me levantaron temprano mis hermanas y me llevaron a casa de mi tío Miguel, vivía muy cerca y desde su terraza se podía ver nuestra casa.
-quédate aquí, hoy va a venir la cigüeña y cuando la veas vienes corriendo a avisarnos.
-¡Cielos! Como ha pasado el tiempo, aún estoy preparando cosas y ya es el día.

 Y allí me quedé, con los ojos abiertos de par en par vigilando los cuatro puntos cardinales y su espacio aéreo adyacente, hoy será el día más feliz de mi vida y no quiero perderme detalle.
-nunca he visto una cigüeña pero me imagino que se parecerá a los dibujos y fotografías de los libros, en cualquier caso el primer pájaro grande que lleve una bolsa en el pico esa debe ser.

Pude haber cogido una insolación de tanto otear y esperar, desde mi posición veía a gentes entrando y saliendo de casa, seguramente también buscaban a la cigüeña pero yo  estaba mejor colocado para ser el primero en verla. Mi imaginación volaba suelta y debe ser que entre ensoñaciones me despisté y me perdí el momento.
-Cucusemi baja que ya ha venido la cigüeña y te ha dejado una hermanita.
-¿Cómo?, ¡no puede ser, no puede haber pasado sin que yo la haya visto y!… ¿Cómo que una hermanita?, ¡un hermano!, ¡tenía que dejar un hermano! ¡Con “O”!
Con lágrimas lloviendo en mi rostro fui a toda carrera hasta casa. Debía comprobarlo con mis propios ojos… y allí estaba en el regazo de mamá, un pequeño ser temblequeante y menudo con la piel blanquecina y arrugada y para colmo ¡niña!.
– no puede ser, tiene que haber un error, ¡maldito pajarraco! Con razón no se ha dejado ver, ha venido a hurtadillas para que no me de cuenta y así perpetrar su desaguisado.

Conocí la ira ese día, aprendí a estar enfadado con todo y lo pagó el tipi, me faltaron piernas para darle patadas y reducirlo a lo que originalmente fue: un  montón de cartones y palos desordenados y esparcidos por el patio.

Cómo relaja romper cosas, tendría que hacerlo más a menudo. En poco rato mi furia ya no tenía sentido, lo hecho hecho está y hay que adaptarse. De todas formas aun es muy pequeña y quizá la pueda enseñar a jugar conmigo, de momento lo único que hace es comer, dormir, llorar y otras cosas más escatológicas, yo tengo experiencia en eso y sé que se supera con el tiempo.
- Merche, crece sin prisas que tu y yo tenemos muchas cosas que compartir y ya te las iré enseñando poco a poco.

No era exactamente como lo había planeado pero también trajo cosas buenas, para empezar en aquellos tiempos daban una paga a quienes tenían un hijo y mi padre la invirtió en comprar un televisor. Ahí es nada, toda una tele para nosotros, 20 pulgadas de pantalla en blanco y negro para disfrutar de nuestros programas favoritos. Solo coge dos canales –tampoco había más de aquella- y tiene un botón para cambiar de la primera a la segunda cadenas y dos ruletas sintonizadoras una por canal.
Buenos momentos pasados junto a los chiripitifláuticos, los payasos Gabi, Fofo y Miliki... y fofito, cuando todo era posible en domingo, con Felipito Takatun y su yo sigo, aquel un dos tres de Kiko Ledgar don Cicuta y los Tacañones y tantos otros muchos ídolos televisivos de la época, vaya diferencia con la programación de ahora que de cien canales apenas uno pone algo decente.

Mientras mi hermana crecía yo debía dedicarme a mis labores de niño, no me dejan casi jugar con ella porque me dicen que es muy pequeña y no paro de llevarme regañinas: que si no le puedo dar chicle,  que no le de pipas ni chuches, que no la toques ni hagas ruido que se despierta. ¡Pues claro, si lo hago adrede para que se despierte y poder jugar! pero no hay manera de que entiendan mi postura.

 Como en casa no puedo explayarme lo mejor es coger la bici y a buscar a mis amigos hasta que reunimos la pandilla y a hacer de las nuestras. Unos días a coger pájaros y otros a gamberrear sin mala intención, nos gustaba meternos por los balnearios de la playa cuando estaban vacíos en invierno, suponían un lugar fantástico para pescar mújoles y zorros, la pega es que  los dueños no compartían nuestra ilusión y se enfadaban, cuando no llamaban directamente a la guardia civil.
-como se ponen solo por un par de maderas y alguna cerradura rotas, cada vez es más difícil hacer algo divertido en el pueblo.

Pasa el tiempo, creces, maduras y tomas responsabilidades. Eso me pasaba a mí, conforme mi hermana se hace más independiente y ya empieza a ir al colegio debo asumir mi rol de hermano mayor y poner las cosas en un orden socialmente lógico:
- en primer lugar a mi hermana solo le puedo pegar yo, por lo tanto si algún desaprensivo osa tocarle el mas mínimo cabello se las tiene que ver conmigo, no me importa marcar distancias y si hay que darse un par de sopapos después del cole pues aquí estoy preparado.
- en segundo término mi hermana es mía y siempre tiene razón. Así que las escusas de “ha empezado ella” no me sirven y si hay que darse un par de tortas por mantener este punto pues, ya sabes, después del cole.
- y por último, a mí no me importa volver llorando a casa por lo tanto quien se atreva que venga preparado que no me doy por vencido fácilmente y aquí me tiene , después del cole.

Reconforta sentirse útil y responsable a estas edades, cuido de mi hermana, me preparo para hacer la Primera Comunión, avanzo bien en el colegio, manejo cada vez mejor las herramientas de papá, en fin la vida sonríe y cuando lo hace hay que acumular buenas sensaciones para cuando se canse y mire hacia otro lado.
Me siento responsable y además como voy a hacer la comunión también me siento importante, probándome el traje que me presta mi primo que parezco un príncipe, recibiendo regalos, los típicos que se hacían entonces: una medallita de la Virgen del Carmen, un rosario, pañuelos, calcetines, algo de ropa para los domingos… y ¡un fantástico reloj!, un citizen automático con esfera verde, agujas fosforescentes de caja y cadena de acero. Este artilugio me acompañó durante muchos años y supuso para mí una marca de identidad, ya que cuando vino el relojero a casa para que eligiera el modelo que me gustaba, con toda la familia expectante, me dicen:
 –pon la mano para probártelo.
Con toda la ilusión que era capaz de asumir levante mi brazo derecho, ofreciendo la muñeca al joyero. En ese momento todos se rieron.
- se pone en la mano izquierda
La sensación de no haber estado a la altura y de ridículo se apodero de mí, pero para cojones hay ocasiones y respondí sin apenas inmutarme.
- pues yo lo quiero llevar en esta mano, o no quiero reloj.
Ya hace tiempo que aquella maquina pasó a ser parte de la basura que contamina nuestro planeta, pero tanto aquel como los que le sucedieron los he portado sobre mi antebrazo derecho.

Creo que el momento de tomar la primera Hostia Consagrada marcó un ritmo diferente en mi vida, no supe verlo en su momento pero con la perspectiva de la edad  si pienso que a partir de aquel instante todo empezó a ir mas deprisa. Puede ser que ya tenia la edad suficiente como para discriminar y recordar mejor los sucesos diarios o que en realidad la vida esta marcada por etapas y vicisitudes en las que te ves envuelto y tienes poco tiempo, apenas segundos, para elegir entre los caminos que se van abriendo continuamente ante ti.  Lo realmente cierto es que a partir de aquel día mis decisiones empezaron a pesar en mi conciencia tanto para bien como para mal y empezaron de verdad mis odiseas y desventuras.

Pero eso ya es tema para otros capítulos

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viernes, 20 de julio de 2012

cucusemi VII


Aquellos inviernos de inagotable alegría

Capitulo séptimo: de los cálidos y felices inviernos de la infancia de Cucusemi... 

 Los veranos fueron todos iguales y cada uno diferente. Los inviernos... también.

El invierno en el pueblo es una estación relativa, frío lo que se dice frío solo se nota unos cuantos días en enero y febrero, el clima de la primavera y el otoño se diluye entre las otras estaciones así que para nosotros solo existen dos: el verano, que empieza cuando acaba el colegio en las proximidades del día de San Juan,  y el invierno que empieza cuando se van los veraneantes y empieza de nuevo el horario escolar.

 Los días empezaban con el desayuno, luego al colegio por la mañana, comida en casa, vuelta a clase hasta las cinco y el resto de la tarde para hacer deberes y jugar según la etapa del año.
 Cuando estamos en época del algodón, allá por noviembre, vamos directamente del cole al campo donde esté mamá y la ayudamos a recolectar ya que pagan por kilos recogidos y nuestra colaboración  se nota. Cuando no era tiempo de cosecha pues, ¡a jugar se ha dicho! Que para eso somos niños. La pandilla de amigos no es tan grande como la de verano pero eso no impide que ataquemos cualquier proyecto divertido. 

Entre nuestros pasatiempos favoritos está buscar nidos de tutuvias -alondras las llaman los mas finolis- cazar gorriones con cepos, si el tiempo acompaña vamos a la playa  a pescar y lo que más nos gusta: fabricarnos arcos y flechas con cañas, o espadas de madera y montar en nuestras bicicletas a emular las hazañas del capitán Trueno o el Jabato luchando sin descanso contra invisibles malvados e infieles.

Empezando la década de los 70 sucedió algo que nos proporcionó interminables momentos de aventura: se suprimió la línea de ferrocarril que pasaba por el pueblo quedando abandonadas las vías y los edificios de la estación. Mucho pastel para tan pocos imberbes, toda la estación de tren vacía para nosotros con su gran almacén anexo, ventanas que se pueden romper sin que nadie proteste, cientos de rincones vírgenes para explorar, cerraduras viejas que revientan al mínimo esfuerzo.
- ¡oh, dios de los niños! Te damos gracias por tan portentoso parque de atracciones.

Que gozo corretear entre las ruinosas paredes y los falsos techos, descubrir una puerta cerrada y abrirla a base de ponerle petardos hasta que los herrajes cedían y volver a casa con los oídos pitando y el rostro ennegrecido por la pólvora, el sudor y la tierra.

Una tarde de esas, dimos con la puerta de un armario construido en el hueco de una escalera, era más bien pequeño y tenía una cerradura más moderna que en el resto del edificio. Decidimos hacer un superpetardo para abrirlo, entre Pencho, su hermano Guili y yo juntamos varias tracas de diverso tamaño y potencia, que si un par de garbanzos, otra ristra de verdes de mecha corta, un par de los gordos valencianos, todos ellos bien colocados, apretados y envueltos en el papel de aluminio de una pastilla de chocolate.
 Con la emoción del momento no caímos en el detalle de dejar fuera una de las mechas más largas y quedó una de las rápidas, colocamos el envoltorio junto a la cerradura y para que sostuviese la postura lo apalancamos con un palo. Con la más ingenua de las ilusiones procedimos a prender fuego a la mecha.
- parece que no enciende nene
- acerca más el mechero
- me quemo el dedo
- traer aquí los dos, que yo llevo mistos- saque una cajita de cerillas de las del palito de papel encerado.

 Y con decisión acercamos cada uno y a la vez una encendida a la poca mecha que aun sobresalía….

La puñetera cerradura resistió, el palo que hacía de soporte todavía debe estar volando pues no volvimos a verlo, nuestra cara debió ser todo un poema a juzgar por cómo nos miraba la gente a la vuelta a casa y nuestros oídos… bueno, los oídos todavía me pitan cuando recuerdo aquella explosión. 
- y encima me he quedado sin petardos así que mañana tendré que volver a lo de los cascos de cerveza para sacarme algo de dinerillo y reponer mi arsenal.

Sacar unas pesetas no era difícil por aquella época, tampoco como para tener un sueldo pero si era fácil conseguir unos duros con un poco de imaginación y paciencia. En las tiendas siempre compraban las botellas de cristal vacías, algunos bares nos compraban caracoles, serranas, cangrejos, quisquillas - según la época del año - para hacer las tapas; una peseta por ayudar a barrer el local, otro par de ellas por descargar la furgoneta, siempre hay alguien dispuesto a recompensar a unos zagales prontos a currar en cualquier cosa. 

Conforme crecía también me iba con mi padre a hacer reparaciones de carpintería en las casas y también sacaba buenas propinas, pronto me hice diestro en el manejo de las herramientas y antes de cumplir los doce ya me dejaba ir a hacer algunos trabajos solo.
Y allá va Cucusemi con su bicicleta y su caja de herramientas de madera reparando lo que sea menester: persianas, puertas que rozan, sillas cojas, cerraduras, con estas últimas cogí cierta soltura y ya no he vuelto a necesitar un petardo para abrir una puerta.
 - ¡ya podéis inventar cierres más potentes que  yo me los meriendo!

Pero no vayamos demasiado rápido que me haré viejo antes de tiempo, seguiré con mi infancia más feliz.
 Coincidiendo con la casi terminación de la casa nueva, donde ya llevamos un tiempo instalados, recibí una de las noticias que mas me han alegrado la existencia ¡voy a tener un hermanito!, ¡eso sí que mola!
Mis dos hermanas son demasiado mayores para mí y no saben jugar casi a nada pero un hermano pequeño lo cambia todo, puedo enseñarle todo lo que sé y jugar a lo que quiera. Desde el mismo momento que me dieron la buena nueva empecé a planearlo todo, incluso fui guardando en un bolsillo de tela que tenia escondido entre las herramientas algo de dinero extra, cuando nazca mi hermano necesitaré doble de petardos, doble de canicas y doble de todo hasta que él sepa ganarse unas monedas.

Manos a la obra con ilusión mi plan funcionaba y conforme se acerca el día del alumbramiento mi impaciencia crece, ya falta poco y debo estar preparado.

Y llego el día ansiado que, de tan deseado, se convirtió en aciago, ese día comprendí muchas cosas de la vida y de lo dura que puede ser la diosa fortuna cuando se confía en ella con exceso, pero eso...
   ...eso lo contaré en el próximo capitulo

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martes, 19 de junio de 2012

cucusemi VI

Un alto cronológico para comprender mejor al protagonista

Capitulo sexto: de cómo Cucusemi vivía la vida en su pueblo... 

Como ya he dicho vivíamos en un adorable pueblecito de la costa, esto conlleva una serie de ventajas e inconvenientes.

 Entre las virtudes destacar la inmensa tranquilidad del día a día que te permite ver la vida con ojo práctico y sencillez. Los días son casi todos iguales, más o menos calor, más o menos lluvia, más o menos largos, todos iguales y cada uno diferente.

La pega es la incomunicación con el resto del mundo, de aquella no había internet ni teléfonos móviles,  solo algunos afortunados tenían teléfono o televisión en casa y muchas noticias así como los grandes cambios sociales los vivíamos de sopetón al llegar el verano con la avalancha de gentes de otras tierras que venían a disfrutar las canículas remojando sus cuerpos en las saludables aguas del Mar Menor y nos ponían al corriente de los avances de la humanidad:

- que si habían inventado maquinas que lavaban la ropa y la dejaban casi seca
- que si había frigoríficos que no necesitaban hielo para funcionar…

El orbe cambiaba a velocidad vertiginosa y nosotros seguíamos tranquilamente a nuestro paso. Tal aluvión de novedades despertaba en mí el deseo de crecer rápido y salir a ver el mundo en directo, pero mientras ese día se acercaba yo me dediqué a disfrutar de la vida y a prepararme para el futuro.

Los veranos eran mi estación preferida, muchos de mis amigos eran de los veraneantes que inundaban el pueblo y teníamos nuestras pandillas establecidas de acuerdo a intereses compartidos y gustos comunes. Cada uno con su idiosincrasia formábamos un grupo bastante homogéneo, variable según avanzaba el verano y de año en año. Dispuestos a lo que hiciese falta para divertirnos, si había que ir a la vía del tren a buscar piedras raras ¡pues se iba!; que alguien decía de ir a los montones de sal de la salina cercana, pues allá vamos todos hasta que volvemos tarde a y quemados por el sol, que hay que ir a pelear con otra pandilla pues ¡venga! hasta volver corriendo y llorando porque nos pegaron. Peleas sí, pero no por violencia, ni por orgullo mal entendido o por defender un territorio, peleábamos porque era una forma más de jugar, nos tirábamos piedras unos a otros igual que jugábamos un partido de fútbol de veinte contra veinte en cualquier solar.

También teníamos nuestras tertulias filosóficas y nos aficionamos a temas esotéricos: ovnis, zombis, atlantes, misterios del más allá y enigmas bíblicos despertaban nuestra fantasía. No sé si por sugestión,  por nuestras capacidades o por la amistad que derrochamos por todos los poros  llegó un momento que parecíamos comunicarnos por telepatía, bastaba un pensamiento o un simple gesto para que todos a una entendiéramos el siguiente movimiento del grupo. 

Una noche, mientras jugábamos a contar estrellas fugaces, sucedió algo estupendo: ¡vimos un ovni!. Todo un platillo volante semicircular y anaranjado del que se vieron salir dos naves más pequeñas. Fue un momento tan solo, tan rápido que los más despistados se lo perdieron. Al día siguiente los periódicos y los adultos comentaban que un avión americano había tenido un accidente y había tirado dos bombas atómicas desactivadas al mar a unos doscientos kilómetros más al sur de nuestro pueblo, mucho revuelo pero a nosotros no nos engañaron.
- ¡Ya puede venir un ministro en bañador a intentar convencernos que nosotros sabemos lo que vimos!. Si señor...

Buena pandilla hacíamos, cada uno con nuestro anhelo particular y todos con el mismo objetivo: ¡pasar el verano lo mejor posible!. Estaba yo, con mi ilusión de ser rico y viajar por el mundo, Luisito quería ser el Bruce Lee murciano, Clodes un canario empeñado en ser testigo del fin del mundo del año 2000, mi primo Antonio que compartía sueños conmigo, el Ruso un madrileño que valdría para dentista, Mateo, Penchico, Julian, Antoñin,Jose, Sopas... y tantos más. Con el tiempo nuestras pasiones se diluyeron en la realidad y muchas se cumplieron en parte. Con poca variación la pandilla se reunía cada verano, a algunos no les he vuelto a ver, bien porque no han vuelto por el pueblo o porque cuando lo hicieron era yo el que no estaba, ya que conforme me hice mayor empecé a ser de los que solo aparecían en vacaciones, otros seguimos en contacto esporádico o por las redes sociales que tanto hacen por las amistades alejadas. Tiempos felices, un obsequio de la vida que debería ser obligatorio por Ley para toda la humanidad allá donde se encuentre cada uno.

Una de las principales atracciones que surtía el verano era el cine, para ser un pueblecito casi deshabitado teníamos tres cines: el Carthago -que también llamamos cine de invierno- en el paseo de la feria, era a su vez teatro y sala de cine pero solo funcionaba en invierno imagino que por los calores ya que de aquella el aire acondicionado era algo futurista; el cine Rex -llamado cine de verano- también en la feria, era un recinto bastante amplio con una pared alta que hacía de pantalla y sillas metálicas hasta la mitad del aforo y el resto de madera plegables atornilladas entre si en filas de diez al igual que el otro cine más pequeño que está cerca de la iglesia de la Asunción y que solo se llama “cine o "el otro cine"”.
En el cine de verano pasábamos grandes momentos, ponían dos películas diarias con un descanso entre ellas para poder cambiar las cintas con el otro cine ya que eran las mismas.

Éramos pobres y no podíamos permitirnos las entradas pero teníamos un truco: por la mañana temprano ayudábamos a limpiar el recinto, recogíamos las pipas, colillas,  papeles y los botellines de refresco o cerveza que dejaban los espectadores cada noche a cambio de entrar gratis cuando las películas no fueran para mayores. De paso siempre encontramos alguna moneda perdida entre las sillas y eso nos permitía ciertos lujos: pipas, chuches y coca cola…y algún que otro petardo para gastar bromas que dejábamos caer de vez en cuando por los rincones del cine si la película no nos gustaba o para fastidiar a quien nos caía gordo.

- ¡mira, mira…...!  el tipo que nos pilló cogiendo chuches del quiosco y avisó al dueño, viendo la peli con su novia- ¡pues toma petardo debajo de la silla!                  
-como duelen los tirones de oreja cuando te pillan, pero era divertido

Así eran los veranos en el pueblo, todos iguales y cada uno diferente. Conforme crecimos cambiaron nuestros gustos y nuestra forma de ganarnos algo de dinerito saliendo con la fresca a recolectar melones y pimientos o cargando camiones en los campos cercanos, también cambiamos el cine por las discotecas y nuestras tertulias exotéricas por conversaciones más acordes a nuestra fiebre  de adolescentes.

La vida nos guiaba con paso firme a cada uno por su camino pero mientras llegábamos al cruce que separaba nuestras sendas yo continuaba disfrutando la infancia, adquiriendo habilidades que en el futuro serian muy provechosas y me permitirían vivir maravillosas aventuras muy pronto.




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martes, 29 de mayo de 2012

cucusemi V


Continúan las aventuras de nuestro singular personaje

Capitulo quinto: de cómo Cucusemi amplía su horizonte cultural y empieza su vida en sociedad.

Todo parece ir sobre ruedas, mi formación crece con el tiempo y la escuela de los cagones se me queda pequeña.
Este ha sido un verano lleno de emociones. Preparándome para ir al colegio de los mayores casi no me doy cuenta de que los astronautas norteamericanos Armstrong y Aldrin han pisado la luna, claro que mis preocupaciones  estaban por otros menesteres y no por los grandes pasos de la humanidad, “vivíamos cantando” la canción de Salomé, buscando “el carro” de Manolo Escobar, intentando traducir el “sugar sugar” de los Archies y el "get back" de los Beatles, se empezaban a ver los primeros SEAT 1430 -auténticos superdeportivos para la época- los afortunados que tenían televisión disfrutaban con las aventuras del Capitán Marte y su flamante XL5 recorriendo las galaxias en su “camino de regreso a casa”.

Muchas cosas pasaban ese año, mas como he dicho son anécdotas que alegraban las tertulias de los adultos pero a mí me ilusionaba más empezar el colegio. Voy a ir al primer curso de primaria y mi familia ya está poniendo todo su esfuerzo en pertrecharme adecuadamente, necesito lápices, sacapuntas, gomas de borrar, libretas y unos cuantos libros de texto –suerte que puedo aprovechar algunos de mis primos. También una cartera en condiciones para transportar todo y además estamos en plena mudanza de casa. Mi padre compró un solar cerca de donde vivía mi abuela y estamos construyendo una vivienda allí, al principio un cercado con una habitación interior que hace las veces de dormitorio, salón y cocina que a base de sucesivas ampliaciones se convertirá en una estupenda casa de una planta con tres dormitorios, garaje, cocina, salón comedor y dos baños y un estupendo patio donde pasé maravillosos momentos de ocio.

Y digo estamos porque en aquella obra hemos puesto todos nuestro sudor, en la medida que nuestro cuerpo y edad nos permitían, eran tiempos de escasez y cada cual ponía lo que podía tanto en la construcción como en conseguir dinero para continuar, trabajando a destajo en los campos y almacenes de melones, recogiendo pimientos y algodón, por suerte no faltaba nunca trabajo en el campo para quien quisiera agachar el lomo por cuatro pesetas. Muchas horas y mal pagadas pero por lo menos cobradas e invertidas en nuestro futuro. Yo, como el pequeño de la casa, estorbaba más que hacia pero también puse mi parte, me acercaba por donde los trabajadores y les quitaba las botellas de cerveza vacías para venderlas en las tiendas cercanas donde me daban unos céntimos por cada casco, no da para mucho pero es un buen comienzo empresarial. Para aumentar beneficios también cogía las botellas que aun no estaban vacías y las derramaba en un rincón, esto no gustaba a algunos y empezaron por ponerlas en sitios cada vez más inaccesibles para mi estatura e ingenio, primero poniéndolas en bolsas colgadas de un clavo del muro, triste solución pues con mi audacia, algún tablón y unos ladrillos improvisaba una rampa con la que acceder a ellas, más triste mi sino pues siempre había quien me pillaba y en vez de botellas me llevé unos tirones de oreja y más de un pescozón. Al final era mucho estrés para mi infantil existencia y decidí dejar mis aventuras empresariales para un futuro.
El futuro empieza con cada día y hay que estar preparado para vivirlo y la preparación consiste como he dicho en otras ocasiones en una buena base teórica y la práctica.   La teoría empezaré tomándola en el colegio que los niños llamábamos “el cole de los mayores”.

 Vaya diferencia con la escuela de parvulitos, esto ya es un edificio en condiciones, imponente con sus dos plantas, puesto al centro de un patio enorme cercado con una valla de rejilla metálica, sobre elevado del terreno para aislar los suelos de la humedad y su resplandeciente fachada blanca rematada con cercos gris oscuro en las puertas y ventanas. Con letras en negro sobre la entrada principal a pocos centímetros del techo, justo encima del balcón del piso de arriba, su nombre formando un arco: “GRUPO ESCOLAR”. En cada planta había dos aulas, la planta baja para niñas y el primer piso para niños, a la parte femenina se accedía por la escalinata de la fachada principal mientras los varones teníamos otra entrada por un lateral del edificio, por una escalera más sobria y estrecha llegamos a nuestra clase.
Se impartían dos cursos por aula, en la primera los de 1º y 2º mientras en la otra los de 3º y 4º separados en dos filas –entonces lo de la ratio por aula era así- el resto de cursos de primaria se impartía en otro colegio en un pueblo cercano.
El día empieza cantando el himno nacional, clases de seguido hasta el recreo, entonces podemos jugar en el patio mientras comes el bocadillo, más clases hasta la hora de comer que vamos a casa y de vuelta por la tarde un par de horas y para terminar cantamos el “cara al sol”. Los viernes por la tarde bajamos a la planta baja y junto con las niñas rezamos el rosario.
Me gusta pero todo tiene su pega, con tanta variedad no sé cuando el maestro explica algo para mi curso o para el curso paralelo, esto hace que me distraiga y no responda cuando pregunta don Joaquín, que así se llamaba el profe de 1º y 2º. Y como se las gastaba, a la que te pillaba en un renuncio ya te tiraba de las patillas hasta levantarte en peso o en los casos más leves te daba con la regla de madera en la palma de la mano y no la quites ¡que es peor!... De nada servía tener enchufe con él -ya que era primo de mamá –te llevas la tunda por duplicado una en clase y otra en casa.
-Ustedes dos que están hablando, ¡al rincón!-rascón de patilla y de cara a la      pared.
A ver ¡si yo no estaba hablando, solo oía lo que decía mi compañero!
Que quiero hacer pipí –decía con la mano en alto. -rascón – ¡te esperas al recreo!.
Si claro, en el recreo. Con lo corto que es voy a perder el tiempo en esto. Por aguantar me lo hago encima –rasca, palma ¡ay! y de cara a la pared.
Pasó el primer curso entre rascones y palmadas pero ya sabía defenderme con las sumas, alguna regla de multiplicar y una caligrafía horrible –más o menos como ahora.
El segundo curso trajo importantes novedades, de entrada le habían cambiado el nombre al cole. Ahora se llamaba “Colegio Nacional Mixto”, rimbombante pero eso implica que los niños y niñas compartimos aula y eso evidentemente era mucho más divertido, la pega… la pega es que también compartimos profesores y, cielos, las doñas hacen que se eche de menos el rascón de patilla y el reglazo te lo dan en la punta de los dedos que pica más.
Mi mente se va nutriendo poco a poco y mi cuerpo ya esta fuerte y ágil para empezar la práctica e incluso para meterme en líos y aventuras...

  pero eso lo contare en otro capitulo…

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viernes, 11 de mayo de 2012

tarta de chuches

Un detalle bonito, barato, original y que asegura un éxito total para hacer un regalo a los niños, sobre todo en ocasiones especiales: 
 Una tarta de chuches

El mérito es de Mari Paz que tiene paciencia e ilusión aunque yo también colaboré en algún momento y como fotógrafo. 

La cantidad de material depende del tamaño pero si somos golosos podemos comprar de mas sin miedo.

Para hacerla, primero diseñamos la forma que tendrá al final, en este caso va a ser un formula 1. Recortamos de corcho blanco las piezas necesarias, empezando por una buena base y luego el resto.


 Todas las piezas irán envueltas en papel de aluminio de uso alimentario con la cara brillante hacia el corcho y se van montando según se avanza en el cubrimiento de cada una con chuches. Y después se sujetan entre ellas con palillos de madera de los que se utilizan  en las brochetas.


 Los dulces se pinchan sobre la estructura con palillos, venden unos de plástico y de colores variados que son ideales para este trabajo.


 Hay que elegir las golosinas pensando en el color y el diseño de la tarta para conseguir un efecto verdaderamente espectacular.


 Para algunas piezas, como la cabeza del piloto en este caso, se ha cogido un huevo de chocolate y los detalles se hacen con recortes de regaliz y gominolas



 El resultado se puede ver, durante poco tiempo pues los chicos la devoran en un santiamén, pero solo ver sus caras recompensa por el trabajo.


duelen los dedos pero están para relamerlos... humm.....

miércoles, 2 de mayo de 2012

cucusemi IIII

 Si ya has llegado hasta este capitulo sabes de que va la historia y si no ve directamente al capitulo primero y no hagas trampas.

Capitulo cuarto: de cómo cucusemi inicia su formación intelectual, académica y vital
 
Ya tengo edad suficiente, como ya dije en el anterior capitulo, debo formarme y aprender cosas mas allá de lo que la simple experiencia me ofrece.

No tenia claro entonces si la decisión de mis padres respondía a su deseo de iniciar en mí una educación selecta o más bien se debía a poder dejarme en lugar seguro mientras ellos trabajaban para poder llegar a fin de mes sin demasiados agobios, con los años esta vicisitud ya no tiene secreto para mí pero quizá sin ser plenamente conscientes de lo que suponía para mi desarrollo, sinceramente, creo que tomaron la decisión correcta.

Y así me encontré al final del verano, enfrentado a mi suerte. Solo y en compañía de otros de mi edad inicié mi formación intelectual en “"La escuela de los cagones”".

No era exactamente un centro como los actuales, La escuela era una casa adaptada para acoger a los niños y tenerlos entretenidos, donde la señorita Conchi que hacía las veces de directora, jefa de estudios y profesora de todas las áreas. La casa era... como las casas típicas de este entorno, una planta baja con un recibidor, a derecha e izquierda sendas habitaciones de las cuales la de la diestra se llamaba “cuarto de los ratones” - donde te metían un rato si no te portabas bien - y la contraria siempre estaba cerrada por lo que no sé que función tenía. A continuación y separado por un viejo marco de madera, que en su día debió acoger dos puertas que lo separaran del vestíbulo,  lo que fuera el comedor también con dos puertas a los lados a la derecha otra habitación cerrada y a la izquierda la cocina. Desde la cocina se podía salir al patio y dentro de éste un pequeño habitáculo era el retrete que, básicamente, era un pozo ciego, con ladrillos y un buen tablón de madera se había hecho una base para sentarse y poder hacer cómodamente las necesidades naturales del cuerpo. Una larga mesa con bancos corridos a ambos lados ocupaba el recibidor hasta el comedor y allí recibí, junto a mis compañeros de generación, las primeras lecciones cívicas y aprendimos las primeras letras, niños a un lado y niñas a otro que tampoco eran tiempos de libertinaje.

Fue por entonces que aprendí una frase que con el tiempo daría mucho juego: mi mamá me ama, mi mamá me mima. En realidad eso ya lo sabía –-valiente descubrimiento-  pero lo verdaderamente impactante es que supe escribirlo y leerlo, de hecho esta historia no hubiese sido posible sin el correcto aprendizaje de esta oración y otras parecidas e incluso más cursis. Lo del juego que da la frase surgirá más de cuarenta años después, pero eso ya lo contaré en su momento.

De esta forma inicié mi formación académica, también aprendí normas sociales básicas y ajustarme a un horario rutinario. De lunes a sábado tras el aseo y desayuno mis hermanas me acompañan hasta La escuela 
– -¡no te vayas hasta que vengamos a recogerte!.- me dejaban de encargo, mientras ellas iban a su colegio. Al mediodía volvían a recogerme y para casa. Después de comer otra vez el mismo recorrido, un día tras otro. Algunas veces me despistaba y, casi sin querer, me dirigía hacia la playa que estaba cerca a jugar y cuando atinaba a volver a casa me las encontraba castigadas  por haberme perdido, entonces mamá tomaba cartas en el asunto y daca – ¡para que aprendas!.
- ¡A ver, si para aprender ya voy a la escuela!

En La escuela estábamos lo mejorcito de las futuras personalidades que darán sabor al pueblo, aún no se nos notaba pero entre aquellas personitas salieron alcaldes, policías, buenos artesanos y negociantes, delincuentes…  Algunas varias cosas de estas a la vez.

De entre todos mis compañeros he de destacar a Antonio que aparte de ser vecino mío compartimos inocencia y mala leche a partes iguales, si había premio era para los dos y cuando tocaba “cuarto de los ratones” también era a medias.
¡Ay, el cuarto de los ratones!. La primera vez que fui castigado he de reconocer que me dio miedo entrar. Se trataba de una habitación vacía, salvo alguna silla rota y alguna caja dejada en un rincón conteniendo dios sabe qué. La única luz que se podía ver era la que entraba por debajo de la puerta.
En casa cuando entra un ratón mamá lo mata con una escoba pero aquí estoy desarmado, no sé como lo voy a superar así que lo mejor será romper a llorar si llego a notar su presencia.
Después de muchos castigos en el cuarto, la mayoría en compañía de Antonio, me di cuenta que en realidad no había ratones y si los hubiese solo hacían ruido al otro lado de la pared. No era necesario tener miedo por lo que nos tumbábamos junto a la puerta para poder aprovechar la luz que entraba y jugamos a “pares o nones” o hacíamos planes para por la tarde.

Un día al terminar las clases de la mañana no esperé como otras veces a mis hermanas y fui con Antonio a jugar en la playa, siempre llevamos algún juguete en la cartera y en esta ocasión yo tenía mi estrella de sheriff y dos pistolas. Disfrutamos como niños jugando en la arena a ver quien se moría mejor y en una de esas mi revolver cayó al agua, quedó flotando y se alejaba poco a poco de la orilla; le tiramos piedras para ver si las ondas lo traían de vuelta pero cada vez parecía alejarse más. No quiero mojarme la ropa o si no mamá de dará algún azote así que me quito los pantalones y me meto en el agua, está fría pero no importa tengo que recuperar mi preciosa pistola, veo que mi amigo sigue mis pasos para ayudarme –-eso sí es mojarse por amistad.
 El condenado juguete parece tener vida propia, cuanto más avanzamos más lejos parece estar. Ya me mojé el jersey así que no es preciso llevar más cuidado y me lanzo abiertamente a capturar mi presa. Con el agua ya llegándome al cuello y casi a punto de alcanzar mi objetivo algo me sujetó desde atrás y me elevó sacándome del agua, era mamá, con el agua por la cintura, una cara de enfado tremenda y gritándome como una posesa:
- te vas a enterar cuando lleguemos a casa, ¡TE VAS A ENTERAR!- decía entre azote y azote.
 Pensé que ya me estaba enterando pero no lo dije, a mi corta edad ya sabía que algunas cosas es mejor no decirlas sobre todo cuando esta tu trasero en el punto de mira de una mano diestra en sacudir. De reojo vi a mi compañero de aventuras coger su pantalón y escabullirse como si no le hubiese visto nadie, mejor así, no es necesario  que carguemos los dos con la culpa aunque después se enteró su madre y terminamos castigados ambos. Castigados, mojados pero con mucha suerte pues mamá consiguió coger el arma y no perdí más que la parte de orgullo que me dejé en el camino a casa entre llanto y azotaina.
Estuvimos varios días castigados a no jugar juntos, suerte que los patios de nuestras casas estaban separados por una pared no muy alta y podíamos hablar e intercambiarnos juguetes arrojándolos por encima, más de uno quedo encanado en el tejado pero tras un día lluvioso o con viento volvía a caer y lo recuperábamos.

Una tarde de invierno, por mi cumpleaños, tuve una sorpresa: un cachorro de gato.
Un lindo gatito con más mezcla de razas que pelo, blanco con manchas canela, tan pequeño que aún había que alimentarle con leche, la bebía el solo de un cuenco y le preparamos cama en una caja de zapatos con un trapo viejo y lo pusimos en el patio adosado a la cocina, bajo la pila de lavar, allí estará protegido de la lluvia y el viento.
 –esta será tu cama Mifú y cuando crezcas te buscaré una caja mayor.

¡Qué mala fé tiene el Mifú! Si lo coges del rabo te araña, si lo coges del cuello también, ¿para qué sirve un gato si no puedes hacer nada divertido con él? Una tarde entre Antonio y yo decidimos que teníamos que enseñar a jugar a Mifú, lo cogí entre mis brazos y salimos a la calle. Había llovido por la mañana y la calzada sin asfaltar estaba llena de barro y charcos donde nos gustaba saltar, chapotear y resbalar a pesar de ser conscientes que luego tendríamos regañina. Enseñamos al gato a saltar con nosotros, lo tiramos al charco y sale todo mojadito y temblando hacia nosotros. Debe gustarle pues ahora no araña, una y otra vez al agua hasta que dejó de ser divertido. No piensen mal, aquello no era crueldad, estábamos jugando y Mifú era un compañero más. 
De vuelta a casa la regañina fue tremenda. Que si no tenemos otro sitio para jugar, que si no sabemos jugar a otra cosa, que si el gato no es un muñeco… y entre frase y frase una buena palmada en salva sea la parte. Llorado, lavado y castigado fui a la cama esa noche y a la mañana siguiente la vida me sacudió con crudeza, aprendí lo que era el dolor, no el dolor físico pues ese ya lo iba conociendo a ratos desde que nací, si no el dolor de dentro, el que te encoge el corazón y no sabes cómo ponerle remedio. Por la mañana al levantarme e ir a saludar a Mifú lo encontré sin vida en su camita, el pobre minino se escondió allí por la noche, el agua que empapaba su pelaje y el frío nocturno fueron excesivos para su menudo cuerpo y yo sentí que faltaba algo más que un gato, perdí un amigo y encima me sentía culpable de la situación. No pude llorar, quería hacerlo pero mis lágrimas se negaban a fluir, como si alguna parte interior de mi mente quisiera fustigarme y evitar que con el llanto disminuyera mi sentimiento de culpa. 

Así te enseña la vida, lo que no está en los libros lo aprendes a base alegrías y golpes bajos a partes iguales, tuve otras mascotas y algunas me dejaron de forma triste pero todas me ayudaron a su manera a ser mejor persona.

La etapa de La escuela de los cagones ya tenía los días contados y con los conocimientos básicos de las letras y números debía empezar ya una formación más seria y especifica. La siguiente etapa será en el colegio pero eso, claro está lo contaré en otro episodio


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sábado, 21 de abril de 2012

cucusemi III

En anteriores capítulos Cucusemi se presenta y comienza el relato de su vida, ahora continua con su más tierna infancia.

Capítulo tercero: de cómo la vida enseña a Cucusemi a desenvolverse con eficacia entre sus semejantes y de cómo él aprendió estas lecciones.

Ha pasado mucho tiempo pero si cierro los ojos me parece vivirlo de nuevo…


El refugio de mamá es espléndido pero necesito más libertad de movimientos pues de lo contrario no podré desarrollar todo lo que mis genes y mente necesitan, además siempre me queda el recurso de llorar para sentirme protegido al instante.
Primero unos pasos, luego algunos más hasta alcanzar la carrera y mi autonomía crece al ritmo que necesito, mi cuerpo ya sabe hasta dónde puede llegar el dolor de una caída. Mi cabeza ya sabe a qué altura está el borde de la mesa. Mis intestinos y vejiga ya saben cuándo hay que aguantar y cuándo dar rienda suelta al libre albedrío aunque en ocasiones confundan los términos.

Poco a poco voy esquivando las dificultades asociadas a mi tamaño y adaptándome a mi entorno. El horizonte no es demasiado intenso por ahora y la cosa parece fácil, lo más complicado: bajar de la cuna; por aquella época no estaban de moda las protecciones y normas de seguridad actuales y los diseñadores de camas infantiles más parecían inventar cárceles que cómodos recintos de reposo. Muchos chichones atestiguan lo que me costó y demuestran mi perseverancia.
 - me agarro aquí, el pie por encima, un poquito de esfuerzo, la cuna se escora sobre sus balancines por mi peso concentrado en un lateral y ya está: al suelo de cabeza
- lloro, viene mamá, mira el chichón y tras darme un azote en el culo me deja otra vez dentro, - ¡para que aprendas! –dice. Yo le hago caso y para aprender lo intento una y otra vez hasta que por fin lo hago de corrido.

Ahora que ya domino el truco alguien pensó que era peligroso -a buenas horas mangas verdes- y paso a dormir a una cama. Mas fácil de subir y bajar, ¡vaya diferencia! pero tiene su contrapartida, aquí no hay valla y es más fácil caerse mientras duermes. ¿Acaso pretenden que duerma con un ojo abierto como los delfines?, se impone una solución rápida así que tiro con disimulo la almohada y las sabanas al suelo y me dejo caer con suavidad, ya no hay peligro de caída y puedo dormir plácidamente.
No sé por qué, el truco no funciona del todo pues cada vez que despierto vuelvo a estar encima de la cama, debe ser que tengo poderes y me caigo hacia arriba, debo estudiar este caso para entenderlo bien pero mi cerebro aun no está preparado para cuestión tan compleja.
Como segunda opción en vez de quedarme en el suelo paso a la cama de al lado y duermo entre mamá y papá así no hay riesgo de salir rodando pero inexplicablemente vuelvo a aparecer en mi cama cuando despierto.

Ahora que lo nombro no les he hablado de papá. Papá es un tipo curioso, aparece por casa poco antes de la hora de la cena, juega un ratito conmigo y después se empeña en que me duerma a base de balancearme entre sus brazos al final termino mareado y me duermo aunque a veces hago trampa y me hago el dormido para ver que hace después. Y lo que hace es dejarme en la cama y acostarse en la cama de mamá (el resto no lo cuento porque es clasificado), entonces me di cuenta que debíamos ser pobres pues no había camas para todos y ellos tenían que compartir una.
– no os preocupéis –pienso- cuando crezca ganaré dinero y podréis tener una cama para cada uno, incluso con valla para no caerse. Y mientras diseño mi estrategia futura me quedo dormido de verdad.

No sé porqué papá no está más tiempo conmigo, a veces lloro para que aparezca pero el truco no funciona con él y solo aparece cuando oscurece, ¿seré hijo de un vampiro?, no creo pues los domingos si está con nosotros, después de misa y si hace buen tiempo, que es la mayoría de veces, nos sube a todos en la moto y nos damos un paseo: mamá y mi hermana mayor en el porta equipos, papá en el centro conduciendo y mi otra hermana y yo sentados en el depósito.

Solíamos ir a Roda a visitar a mi yaya y mis primos que pasan los días de fiesta allí. Es un pueblo divertido con pocas casas, casi todas de piedra y argamasa, con un pequeño colegio de cuatro aulas ya entonces cerrado por escasez de alumnos donde los niños siempre encontramos algún resquicio para colarnos y jugar por el interior. Más de un cocotazo y azote nos cuesta el juego – ¡para que aprendáis!- y para aprender seguimos insistiendo domingo tras domingo.

Junto al colegio y cruzando la calle: la casa del Marques que siempre vi cerrada; los mayores se contaban una y otra vez historias de cuando eran niños y habían trabajado en la casa. Vaya gracia, ser niño y estar en una casa como esta trabajando en lugar de aprovechar el inmenso espacio para jugar.

Y detrás de la casona, casi como puesto por los dioses del Olimpo para uso y disfrute nuestro, el mejor juguete que jamás haya tenido un niño hasta la invención de la videoconsola muchos años después: un cañizal y un poco más allá una balsa de riego, medio escavada en el suelo y revestida de piedra y cemento. Nuestra particular Villa Jovis donde entre ranas, barro y culebrinas pasamos días inolvidables ¡y con la ropa de los domingos!
-daca daca, mas azotes ¡para que aprendáis! y por supuesto como para aprender hay que practicar… pues lo dicho.

Otra cosa que me gusta hacer con papá es ir los domingos por la tarde al bar de los Ramones,  él juega la partida de dominó mientras yo tomo una fanta y como las ventosas de las patas de pulpo pinchándolas del plato de los mayores con un palillo mondadientes y puedo ver la televisión. Me encantan las aventuras de el virginiano, del sheriff de dodge city, de mayor seguramente querré ser vaquero del oeste y también vemos algunos partidos de fútbol.

No tenemos tele en casa y en el pueblo solo algunos afortunados la tienen, cuando sea mayor ganaré dinero y compraré una para nosotros y así podremos verla sin tanto escándalo -voy a tener que hacer una lista con las cosas que tengo que hacer de mayor pero no se escribir, suerte que tengo buena memoria ya que aún no se ha llenado mucho, ahora es una prioridad aprender si quiero tener éxito en mis proyectos.
Para aprender lo mejor es la perseverancia y la practica, mis padres tienen eso en cuenta y han decidido que inicie mi formación intelectual, después del próximo verano iré a la escuela de los cagones.
Ahora  a estas escuelas las llaman centros de educación pre-infantil o guarderías pero la generación de nuestros padres no se calentaba tanto la cabeza con nombres políticamente correctos y le ponían el nombre a las cosas con lógica y sin contemplaciones, vamos: que se entendía perfectamente lo que era cada cosa por su denominación.




Esta fue una época de mi vida que me enseño mucho y donde empecé a vivir mis primeras increíbles aventuras. Creo que se merece ser contada en otro capitulo y eso es lo que voy a hacer. 

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jueves, 29 de marzo de 2012

Cucusemi II

En el anterior capitulo y primero de la serie, Cucusemi se presenta a los lectores y avanza que pretende compartir sus vivencias para deleite y disfrute de quien quiera conocerlas. 


Capitulo segundo: de cómo Cucusemi vino a este mundo y de los avatares que empezaron a forjar su personalidad…



 Fue en un pueblo con mar, una noche,…  dudo que hubiese concierto como dice la canción pero seguro que hubo jaleo.

Un día cualquiera en una pequeña población de la costa marmenorense, cuyos habitantes se dedicaban bucólicamente a la pesca, agricultura y otras labores artesanas sin apenas sospechar que iban a ser testigos de uno de los mayores acontecimientos del siglo XX.

Ese día, sábado para más señas, sin premeditación pero con plena consciencia del hecho en sí, con ayuda de la providencia y de la comadrona.

Este día vine al mundo y el mundo absorto en el reciente éxito de los Beatles “i want to hold your hand” me acogió sin mostrar el  mínimo síntoma de haberlo notado. Así, mientras los enamorados del  planeta hacían manitas al ritmo de la música del grupo de Liverpool, yo deslicé mi presencia entre ellos casi de incógnito, como un suceso mas del festival del Imbolc, en el año del conejo y bajo la influencia de acuario. Todo un regalo de los dioses a este insignificante planeta de tono azulado.

      Tengo vagos recuerdos de aquella época, mis prioridades entonces estaban muy ajustadas y no atendía mucho a los detalles de alrededor. Inmerso en mi propio mundo vivía como flotando en una feliz y cálida oscuridad sin más preocupación que cambiar de postura cuando me apetecía sin hacer mucho caso de las voces amables y lisonjeras que escuchaba como muy lejanas. Hasta que un día aciago todo pareció volverse del revés, sentí que no podía moverme, todo parecía a punto de estallar y una fuerza invisible e irresistible me alejaba de aquel orbe. Mi cuerpo menudo, maltratado por miles de sensaciones indescriptibles, empezó a sentir frío, miedo y como si estuviese colgado por los pies cabeza abajo, con la garganta atascada de mis propios fluidos. Mi mente no estaba preparada para tal situación de agobio pero reaccioné, tome fuerzas de cada una de mis células, me enfrente con determinación y con un arrojo increíble hice lo que me pareció más adecuado para resolver y neutralizar la amenaza que me envolvía. Tensé cada uno de mis músculos, tomé aire y lloré.
Lloré con un llanto tan fuerte y profundo que me devolvió la serenidad que necesitaba para continuar viviendo. Y creo que hice lo correcto a tenor de las reacciones de los presentes, aunque no podía verlos si escuchaba sus voces y a pesar de no tener clara mi situación si noté que no debía temer daño alguno pues estaba en territorio amigo.

- ¡ha sido niño! decía una voz
- ¡y vaya si es niño! -dijo otra- se parece a su padre, tiene su misma barbilla.
- ¡vaya! –pensé- acabo de llegar y ya tengo cosas que no son mías, esto parece prometer mucho.

No sé cuánto tiempo paso, ni cuántas veces fui zarandeado, tampoco fui plenamente consciente del momento en que deje de llorar. Debió ser cuando, sin saber cómo, caí en un acogedor rinconcito de un olor agradable, blandito y caliente donde alguien a quien no conseguía ver intentaba ponerme algo entre los labios. Mis fuerzas ya eran flacas y no opuse resistencia mientras mi boca se llenaba de un dulce y rico néctar que tragué con fingida serenidad.

-  Bueno, este parece buen sitio para poner en orden mi mente y reflexionar sobre la nueva situación. Creo que lo voy a convertir en mi refugio durante algún tiempo.
Poco a poco las voces se fueron haciendo más difusas y mientras seguía tragando aquel rico líquido me fui quedando profundamente dormido.

Me sentí algo extraño al despertar, no estaba en mi refugio, intenté localizarlo en la oscuridad y pensando que lo había perdido volví a llorar. De repente hice un gran descubrimiento: ¡mi refugio es mágico!, aparece y desaparece a mi antojo. Cuando lo necesito solo tengo que gemir o llorar un poco y entonces aparece y me da calor y alimento, luego cuando ya estoy satisfecho se diluye en el espacio-tiempo hasta que vuelvo a precisar de él. Aun tengo que practicar un poco para manejarlo con soltura pero ya le voy cogiendo el truco.

Poco a poco la situación se va normalizando, por lo tanto es hora de pensar con calma para fijar mis prioridades: comer y dormir parece un buen plan de momento.
Tendré que ponerle nombre a mi refugio, los humanos siempre ponen nombre a las cosas, algo que suene bien, corto y fácil de recordar, uhm… sí este parece buen nombre, lo llamaré mamá, me gusta: refugio a partir de ahora te voy a llamar Mamá.
Por cierto, tengo que practicar un poco este llanto que a veces tarda un poco en aparecer.

Es condición de nuestra especie la capacidad de adaptación y eso es lo que puse en practica desde el primer momento. Entre comida, dormida, llanto y mi propia evolución aprendí los mecanismos de supervivencia tan necesarios que me ayudarían el resto de mi vida, supe abrir los ojos a tiempo para reconocer mi entorno, al principio solo algunas sombras y siluetas que me resultaban familiares pero al poco ya sabia distinguir muchos matices. Aprendí que entre llantos y risas era capaz de dominar aquellos rostros que me observaban hasta el punto que un simple gesto o mueca hiciese que una persona determinada sucumbiera a mi voluntad, este gesto hace que me coja Mamá, este otro hace que este tipo tan feo me suelte, si lloro así castigan a mi hermana... todo un abanico de posibilidades que en mis manos suponía toda un arma secreta y letal.

Y así, aprendiendo de la vida y mientras daba mis primeros pasos que inexorablemente me conducirían a mi autonomía personal, sin casi ni notarlo me encontré preparado para la siguiente fase de mi aventura vital.
Pero esto... lo contaré en otro capitulo.

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martes, 20 de marzo de 2012

cucusemi I

PROLOGO - Esta es la historia de un hombre que quiso ser millonario, de las vicisitudes por las que discurrió su vida, los acontecimientos que marcaron su trayectoria y de como supo salir airoso de todos ellos. Una autentica autobiografía-ficción narrada en primera persona con visos casi reales.

El titulo es:

 "LA INCREÍBLE HISTORIA DEL HOMBRE QUE QUISO SER MILLONARIO Y A PESAR DE LAS DIFICULTADES Y AVATARES DE SU EXISTENCIA, CASI LO CONSIGUIÓ; MAS NO DESISTIÓ EN EL INTENTO".




Como el titulo parece algo largo y ahora está de moda escribir con siglas que tengan algo de gracia, lo reduciré a "Quien Quiso Ser Millonario" que viene a ser QQSeMi y se lee cucusemi -de ahí el titulo corto que parece una palabra inventada pero tiene su lógica.

El principio de la historia se ambienta en los años sesenta del siglo XX (veinte) y comienza así:



Capitulo 1º: de como el personaje se presenta a sus lectores...


¡Oh!, disculpen, no sabia que estaban leyendo.
 Voy a contarles algo de mi vida, no se impacienten que ya empiezo. Comenzaré diciendo a quien quiera saber mi nombre que deberá leer hasta el final, también puede hacer trampa y ver la cabecera pero como soy más pillo pondré la misma en el ultimo capitulo.

Siempre quise ser millonario, de hecho creo que nací para serlo. Mi porte y mi forma de ver la vida son claros indicios de que mi sino está por encima de mi suerte. El problema es que los entes que desde ahí arriba mueven los hilos y gestionan los designios humanos aún no se han dado cuenta, no se, quizá me ponen a prueba pero creo que con cuarenta y tantos años de prueba ya les ha dado para empezar con la buena. 
Yo que nací para ser el Rey del mundo y resulta que mi mundo 
¡era republicano!

Ya de pequeño aprendí por las películas en la televisión: el malo tenía dinero, acababa en la cárcel pero a los tres minutos de salir ya se estaba jugando unos miles al poker y tomando whisky. En cambio el sheriff...,  el sheriff siempre ganaba pero le tenían que invitar a comer y en la cantina agua o cerveza caliente y si se tomaba un whisky era porque lo invitaba el malo (por fastidiar).  

Así, mi mente inocente e infantil pensó: ¡a delinquir! 
Pensarlo es fácil pero luego hay que realizarlo. ¡Ni un maldito chuche! ¿como lo hace el de la peli?. A mi me pillaron siempre y a base de cocotazos y tirones de orejas comprendí que debía haber un camino mas...digamos saludable para alcanzar mi objetivo, creo que el tamaño desproporcionado de mis pabellones auditivos tiene su origen en aquella época.

Luego, según pasaba el tiempo, me dio por trabajar. Ya lo dicen por ahí: trabajar con tesón y gastar con moderación. ¡Pues vaya invento! lo único que pude ahorrar fueron arrugas y algún dolor de espalda. Esto es una leyenda urbana del tipo: "yo conozco a uno que el cuñado de un amigo suyo le dijo que alguien conocido se hizo rico currando". Os lo puedo asegurar: falso y con agravante de alevosía. El trabajador empobrece, embrutece, le pagan mal y para colmo ni se lo agradecen.

Otra opción: dedicarme a la política. Se curra lo justito, pagan bien, siempre cae algún extra y después le ponen tu nombre a una calle, cuando te mueres pero se lo ponen. Mas ningún partido me quiso en sus filas, "eres demasiado honrado para nosotros" decían y es que yo solo quería coger lo justo para vivir bien y para disimular hacer algo por mis conciudadanos.
También lo he intentado con los juegos de azar, como aquí se necesita la participación de "los de arriba" y ya he dicho antes que no están por la labor pues el resultado es evidente, a los naipes siempre pierdo y en loterías creo que aún no se ha inventado la que me corresponde cobrar.

En fin, tampoco puedo quejarme demasiado ya que la vida me sonríe por otros derroteros y, como aquel que dice, no falta más de lo necesario. Mi existencia está plagada de apasionantes vivencias, de aventuras épicas y la riqueza material fue sustituida por un caudal de amistad y amor que bien puede llamarse un gran tesoro. No me sirve para acumular un gran patrimonio pero por lo menos tengo a quien contarle mis alegrías y penas, en contrapartida alguna vez me toca poner el hombro y secar lágrimas pero esto no me supone agravio ni esfuerzo y ofrezco mi pecho a quien necesite un sincero apoyo.

Os describiré  buena parte de mis aventuras, a mi parecer verdaderas odiseas, a vista de otros simples chorradas, pero eso será en otros capítulos.


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